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CONMEMORACIÓN AL SIETE DE AGOSTO

06 de agosto de 2006

Un día como hoy hace 187 años, en el frío de tierras boyacenses, el brazo del soldado colombiano se abalanzó a sellar con sacrificio la independencia definitiva del yugo español. El encuentro que tuviera lugar en el Puente de Boyacá, sobre la quebrada Teatinos, llenó de gloria perenne al Ejército libertador en esa gesta heroica contra los realistas. En el día de hoy es justo rendir merecida memoria a los héroes que combatieron; su huella sangrienta pero victoriosa, nos anima hoy a comprender que hacer respetar la patria requiere de un decidido sacrificio.
La valentía que los soldados en 1819 demostraron en su anhelo de alcanzar la libertad está aún vigente, recordando en el momento en que desciende una montonera hacia la búsqueda de la libertad. Se le unen en Socha las huestes guerrilleras que en Charalá y Coromoro hostigaban continuamente a las fuerzas españolas en el corazón santandereano. Otros se irán agregando en el camino, pero de cada campesino surge el abrazo amigable y el impulso dulce de la ansiedad por un mejor destino. El rebelde que ataca a la corona se crece y engrandece en cada lance. A la cabeza un Bolívar arrollador. A su lado un Santander grandioso y previsivo. El uno genio de América, el otro su gran aliado en la guerra. Los dos, binomio monumental en la persecución del sueño visionario que impulsara un juramento en el Monte Sacro en la Roma eterna. Gámeza y Tópaga los ven pasar, raudos y veloces, fieros y combativos hacia un Pantano de Vargas, peligroso y hostil.

En Vargas, el momento estelar lo rubrican con su lanza los catorce atrevidos jinetes y corceles que con Rondón a la cabeza calman las angustias de un Libertador pesimista por el destino incierto del combate. “Ni yo ni mis jinetes hemos peleado” pareció implorar Juan José Rondón para que lo dejaran salvar la Patria en esas difíciles circunstancias. El Genio de América sabía encontrar la buena suerte en cada lance y presentía entre sus hombres el escogido ideal para cada hazaña.

Barreiro no lo duda un instante y por la vía Paipa-Cómbita-Motavita pretende flanquear al ejército libertador en la madrugada del día 6 y el 7 muy temprano, casi sin prisa, confiando tal vez en la veteranía y la prepotencia propia del europeo sigue su rumbo hacia el puente del río Teatinos. Nada presagiaba que entre Barreiro y Simón Bolívar, cada cual marchando por diferentes senderos convergentes convertirían ese puentecito rústico y desconocido en el hoy famosísimo Puente de Boyacá.

Si bien las tropas españolas acantonadas en el Socorro no llegaron, férreamente obstaculizados en Charalá con la sangre de muchos mártires, sí lo hicieron nuevos contingentes de guerrilleros de esa área que con los voluntarios de Tunja, conformarían la reserva en la decisiva batalla que se avecinaba.


El 7 de Agosto a las dos de la tarde las vanguardias de los ejércitos en marcha se encontraron inmediatamente antes del río Teatinos y se fue desarrollando un clásico combate de encuentro en el cual cada fracción de tropa que llegaba al campo de combate entraba en la lucha con la porción respectiva de enemigo que arribaba. El destino de la fuerza patriota era sublime en la razón de una patria libre, el desatino realista fue dejarse dividir sus fuerzas y perder paulatinamente la iniciativa en las acciones. El triunfo patriota fue tan contundente que la plana mayor del la fuerza española completa fue hecha prisionera.

Se había sellado la independencia de Colombia y se había creado con la fuerza arrolladora que aún ostenta y acrecienta un gran ejército: el Ejército de Colombia. El mismo Ejército de Colombia que se ha hecho presente en los escenarios mundiales de Corea y el Sinaí, ese mismo de la fuerza cargada de valores y de mística que enfrenta múltiples amenazas interna e intermitentemente como jamás ningún ejército del mundo ha tenido que lidiar.

Patria, Honor y Lealtad. Palabras maravillosas que mueven el sentido de un ejército moderno. Incansable en la lucha, desconocen la fatiga, enaltecen las armas de la República y al igual que los luchadores del Puente de Boyacá se engrandecen en la búsqueda de los mejores destinos de su amado pueblo colombiano.

Pertenecer al Ejército de Colombia es hacer efectiva la síntesis entre la abnegación y el servicio a la nación. Es asegurar la vida de los otros ciudadanos en la universidad o el taller, en el campo o la ciudad, en el diario quehacer. Sacrificarse para que los otros colombianos vivan en paz. No tener paz ni reposo para que en cada hogar crezcan felices las futuras generaciones.

Es garantizar el respeto a la soberanía de Colombia y la supervivencia de las instituciones nacionales. Es renovar y reafirmar en cada amanecer la vigencia y el respeto de los derechos individuales de los seres humanos que nos rodean y es garantizar cuando se pone el sol que se ha cumplido una vez más con la noble tarea de vivir y sentir que nuestra patria es cada vez más grande, respetada y libre.

El 7 de Agosto de cada año se renueva el voto por el engrandecimiento de Colombia. En esta fecha los hombres y mujeres del Ejército Nacional se sienten más íntegros y leales al juramento que le hicieran a la bandera. Ese día el himno nacional es más bello y emotivo. Dichosos los que en el Ejército de Colombia coronan con profunda fe y titánicos esfuerzos el llamado obligatorio de una vocación cada vez más grande y más acogedora.
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